10.17.2006

Aterciopelada enlucir luna


Los adolescentes no saben divertirse si no es con un teléfono celular, una computadora, un playstation, TV cable o un dvd, tendríamos una catástrofe mundial con el suicidio en masa de adolescentes sin motivos para vivir, una época sin imaginación.

No hace mucho nos divertíamos de forma sana, sin tecnología alguna, no era posible jugar siempre ya que dependíamos de los caprichos del tiempo y en ese entonces no teníamos a meteorología cada 30 minutos por TV para darnos el pronostico, era cosa de suerte, esperar que el viento se levante repentinamente, que en el horizonte se tiñera de un rojizo en tres líneas grises y las nubes se remolinaran, esperar que el cielo se cubra sobre nosotros, ese era el momento de divertirse, un juego sano, denominado “cazando rayos” suena peligroso pero no lo es, sin ningún instrumento tecnológico salíamos en medio de la tormenta a cazar rayos.

Simple y sencillo, nos poníamos a esperar que un rayo hiciera su aparición en el cielo y en ese momento, a correr, enfilamos directo a su caída, pero antes de llegar desidia caer al lado opuesto a nosotros, una y otra vez la misma cosa. Se nos ocurrió que podríamos salir uno para cada lado y cuando éste decidía cambiar de dirección uno de nosotros estaría del otro lado y lo atraparía… pero no era así. Cuando estábamos convencidos de capturar alguno éste desidia caer al lado opuesto, llegamos a pensar que era un complot, que era más de uno los que decidían caer. Por eso planeamos una estrategia, ¿engañaríamos al rayo? Cuando éste se asomara entre las nubes correríamos así él pero en un instante cambiaríamos de dirección y ahí si lo atraparíamos.

Pero no… nunca llegábamos a tal hazaña. Pero era divertido como cazar luciérnagas, algo más veloces.

Para, Laem, moría lúdela