Yo...inmóvil

Toda infancia tiene un tinte de amargura y tristeza
Que solo asumimos con los años, o a veces el paso del tiempo nos va llevando, en ves de avanzar, retroceder. Nuestra mente decide, que para seguir, debemos recordar.
Hay recuerdos que solo aparecen en momentos en que somos bombardiados por emociones, o solo son esas cosas que no podemos olvidar, se quedan y resurgen de ves en cuando
En los momentos más extraños, vuelven de los fondos de la memoria.
Este es uno de ellos, que en verdad había olvidado.
Cada verano los padres de un amigo tenían la buena fe de llevarme con ellos a su casa en la playa, un bello lugar “Costa Azul” se llama y desde la ventana del comedor se divisaba el mar azul en esos días soleados.
No recuerdo la fecha exacta, pero ese año fue muy extraño
De un día para el otro la casa cambio. El colegio cambio. Jamás lo había hecho, el estar solo para ir al colegio, eso de la responsabilidad a los 9 años no es bueno, en las mañanas levantarse a las 6 para preparar el desayuno, levantar a laura, y ir al almacén a una cuadra para la merienda y lo pero ponerme el uniforme solo, la túnica y la moña que difícil fue eso.
¿Porque todo eso?, porque la vieja estaba cuidando al viejo muy lejos de casa y no venía todos los días solo una ves por semana y con la abuela no se podía contar –no sabia hacer nada, ni hervir agua- fueron unos 3 a 4 meses pero me parecieron eternos lo que aprendí en esos meces no lo hubiera aprendido jamás en tan corto tiempo si las circunstancias hubieran sido otras.
Tanto fue el cambio que llegaba a ir a la misa que el sacerdote de la iglesia les daba a las hermanas antes de abrir el colegio, a las 7 de la mañana
Antes que amaneciera.
La navidad de ese año la pasamos laura la abuela y yo con unos tíos, y el 30 de diciembre me llevaron a la playa para que pasara allá el fin de año. Luego de unas dos semanas me quería venir, y me devolvieron a casa.
Claro que pasaba mucho tiempo en el colegio la compañía de las hermanas solía agradarme, como que el silencio y el aroma del lugar me daba tranquilidad y regocijo, -aun recuerdo ese aroma, nada me lo hace recordar solo lo recuerdo como que si siempre estuviera hay.
Pero luego, unos días después de haber vuelto
Me vienen a buscar con una excusa que aun no me queda claro, tanto que no la recuerdo, en esos días que estuve en casa la vieja no había vuelto como solía hacerlo una vez a la semana. Una mañana en la playa me dijeron, que debía volver a casa porque querían esta con migo allá. Cuando regrese fue de noche y derecho a dormir.
En la mañana la vieja estaba en casa, y eso si no me olvido…
Laura y yo en un extremo de la mesa del comedor al lado de la venta que daba para un patio interno, y la vieja del otro lado que con cara de desconcierto nos dice, -dios decidió llevarse a papá- fue lo unico, laura estallo en llanto junto con la vieja.
Yo… inmóvil, aun pensándolo, no se me arruga la frente ni me hallo con ganas de llorar ni me estatal el corazón de la emoción por lo perdido, no, no pasa eso.
Eso no me lo perdonaron jamás.

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