1.03.2007

No vale la pena.


















El puñal tibio se hundió en los riñones. Esa fue la tercera puñalada, cuando mi cuerpo yacía ya boca abajo y cuando con el último aliento grité: ¡Metele otra carajo! ¡Con ganas! ¡La puta que te parió!

Yo lo comprendía perfectamente, sabía muy bien lo que es intentar reprimirse y fracasar. Por eso lo alenté, por eso me resigné cuando lo supe, por eso este mundo no vale la pena.

Escrito por:. Zapato