No vale la pena.

El puñal tibio se hundió en los riñones. Esa fue la tercera puñalada, cuando mi cuerpo yacía ya boca abajo y cuando con el último aliento grité: ¡Metele otra carajo! ¡Con ganas! ¡La puta que te parió!
Yo lo comprendía perfectamente, sabía muy bien lo que es intentar reprimirse y fracasar. Por eso lo alenté, por eso me resigné cuando lo supe, por eso este mundo no vale la pena.
Escrito por:. Zapato

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