
Que deleite para mis ojos eres tu,
tan delicada, tan agraciada, ¡tan arrogante!
Cada día, convencido estoy, que por ti doy hasta lo que no tengo.
Cuanto precisas, un mes, tres, un año.
Pon tu mano en mi testa, para así llevarme hasta los confines del infernó.
Tengo el consenso necesario para afirmar y decirte.
Que no hay nada ni nadie que te quite de mí.
“Tú que, como una cuchillada,
Has entrado en mi corazón quejumbroso;
Tú que, como una manada
De demonios, enloquecida y adornada, viniste,
De mi espíritu humillado
A hacer tu lecho y tu dominio;
-infame a quien estoy ligado
como el forzado a la cadena”

0 Comentarios:
Publicar un comentario
<< Página Principal