1.06.2007

El pavoneo de la insensatez


















He desilusionado a muchos por lo hechos y eso no lo niego, no realice lo correcto, me deje llevar por una flecha jubilosa, una idea me absorbió.
Su sonrisa me cautivo su desfachatez me ilusionó, me dejo cautivar por su mirada, dios sabe los deseos de sus labios y los míos.
Las excusas no bastan los caprichos son solo eso, pero cuando afectan tu psiquis y tu razonamiento, los actos de eventual locura se apoderarán de ti, te acuestas diciendo ya esta ya he olvidar, pero resurge aun con más fuerza, con más vigor y candor.
Ayer tenía mil dagas vivas para tu pecho, hoy las dejo descansar, es una batalla que si bien no se si debo luchar, y si lo hiciera será hasta el final. Muero por conocer el final; “No se como terminara esto”.
Mil “¡no!” dejados de lado por un ¡sí!
Conoce mi debilidad y la aprovecha, con gusto la dejo destrozarme, con gusto y placer viene así mí y se va de mí.
No es una batalla, en las batallas hay vencidos y vencedores y lejos de mi esta el vencer a alguien o derrotarlo, solo la espero y deseo y ese deseo me consume cada día; es una competencia mórbida, por saborear su carne.
Ya he dejado de lado lo pero de mi, no soy violento no deseo convertirme en uno, no dejo oportunidad para que arremetan ante mi, pero la “batalla” es injusta y despareja, siendo injusto que entablemos dicha encrucijada, por merecer sus labios, y el derecho de susurrarle en el oído con permiso.
En su campo esta lo ansiado, desde lo alto me veo como ladrón que desea su tesoro, entro y salgo de su propiedad camuflado por mentiras y engaños, a diario lo hago y disfrutamos de eso, mientras su atención esta desviada “sus ojos son míos” a la distancia un telescopio de emociones, miradas y palabras. Pero cada noche “él” es el que le susurra al oído.
Lograre encontrar un escondrijo para que su rapto sea poco notorio y nada comprobable, su intenciones están, su deseo lo tengo, su necesidad también solo merecemos destrozarnos y confirmarnos.
Mis armas son pocas, mis aliados ninguno, mis enemigos todos.
Sus armas, su posesión, su vigilia, sus aliados todos, sus enemigos solo uno que no es su enemigo, solo dejo de sentir que merecía ser lo que una ves fue.
“Cada día, entonces, todavía, es una ardua conquista, una transgresión, una desobediencia de vida a mi mismo, una porfía. La laboriosa tarea de desaprender lo aprendido, el desacato a aquel mandato primario y fatal, aquel dictamen según el cual se gana o se pierde, se ama o se es amado, se mata o se muere.
La vida por lo tanto no me ha endurecido, ese sea talvez mi mayor logro.”

-Y se pregunto, ¿como será la derrota, que sabor tendrá, que conciliará mi sueño, su sueño, nuevamente?-