
25) ¡Tened cuidado, vosotros los filósofos y amigos del conocimiento, y guardaos del martirio! ¡De sufrir “por la verdad”! ¡Incluso de defenderos a vosotros mismos! Corrompe toda inocencia y toda la sutil neutralidad de vuestra conciencia, os vuelve testarudos en enfrentaros a objeciones y trapos rojos, os entontece, os animaliza, os convierte en toros el hecho de que vosotros, al luchar con el peligro, la difamación, la sospecha, la repulsa y otras consecuencias más toscas aún de la enemistad, tengáis que acabar presentándoos como defensores de la verdad en la tierra: - ¡Como si la “verdad” fuese una persona tan indefensa y torpe que necesitase defensores!
…¡En última instancia, bien sabéis que no debe importar nada el hecho de que seáis vosotros precisamente vosotros quienes tengáis razón, y asimismo sabéis que hasta ahora ningún filósofo ha tenido todavía razón, y que sin duda hay una veracidad más laudable en cada uno de los pequeños signos de interrogación que colocáis detrás de vuestras palabras favoritas y de vuestras doctrinas preferidas (y, en ocasiones, detrás de vosotros mismos), que en todos los solemnes gestos y argumentos invencibles presentados ante los acusadores y los tribunales.
26) Quien en el trato con los hombres no aparezca revestido, según las ocasiones, con todos los cambiantes colores de la necesidad, quien no se ponga verde y gris de náusea , de fastidio, de compasión, de melancolía, de aislamiento, ése no es ciertamente un hombre de gusto superior; mas suponiendo que no cargue voluntariamente con todo ese peso y desplacer, que lo esquive constantemente y, como hemos dicho, permanezca escondido, silencioso y orgullosos, en su castillo, entonces una cosa es cierta: no está hecho, no está predestinado para el conocimiento.
34) Que la verdad sea más valiosa que la apariencia, eso no es más que un prejuicio moral, es incluso la hipótesis peor demostrada que hay en el mundo. Confesémonos al menos una cosa: no existiría vida alguna a no ser sobre la base de apreciaciones y de apariencias perspectivistas.
35) ¡Oh Voltaire! ¡Oh humanitarismo! ¡Oh imbecilidad! La verdad, la búsqueda de la verdad, son cosas difíciles; y si el hombre se comporta aquí de un modo demasiado humando (no busca la verdad más que para hacer el bien) ¡apuesto a que no encuentra nada!
39) La felicidad y la virtud no son argumentos. Pero la gente, también los a espíritus reflexivos, le gusta olvidar que el hecho de que algo haga infelices y haga malvados a los hombres no es tampoco un argumento en contra. Algo podría ser verdadero: aunque resultase perjudicial y peligroso en grado sumo; más aún, podría incluso ocurrir que el que nosotros perezcamos a causa de nuestro conocimiento total formase parte de la constitución básica de la existencia,- de tal modo que la fortaleza de un espíritu se mediría justamente por la cantidad de “verdad” que soportase o, dicho con más claridad, por el grado en que necesitase que la verdad quedase diluida, encubierta, edulcorada, amortiguada, falseada.
…Stendhal agrega un último rasgo que yo no quiero dejar de subrayar en razón del gusto alemán. “Para ser un buen filósofo hace falta ser seco, claro, sin ilusiones. Un banquero que haya hecho fortuna posee una parte del carácter requerido para hacer descubrimientos en filosofía, es decir, para ver claro en lo que es”
43) “Mi juicio es mi juicio: no es fácil que también otro tenga derecho a él” – dice tal vez ese filósofo del futuro. Hay que apartar de nosotros el mal gusto de querer coincidir con muchos. “Bueno” no es ya bueno cuando el vecino toma esa palabra en su boca.
44) [Esos falsamente llamados “espíritus libres”] son, cabalmente, gente no libre y ridículamente superficial, sobre todo en su tendencia básica a considerar que las formas de la vieja sociedad existente hasta hoy son más o menos la causa de toda miseria y fracaso humanos: ¡con lo cual la verdad viene a quedar felizmente cabeza abajo! A lo que ellos querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad-prado del rebaño, llena de seguridad, repleta de bienestar y de facilidad de vida para todo el mundo; sus dos canciones y doctrinas más repetidamente canturreadas se llaman “igualdad de derechos” y “compasión con todo lo que sufre” – y el sufrimiento mismo es considerado por ellos como algo que hay que eliminar.
Federico Nietzsche